"Vete a casa no he dormido solo
desde hace mucho y necesito extender
la mano a través de las sábanas y no encontrar calor,
sino vacío."

"No tiene nada que ver conmigo"

Se le conoce por ser el marido de Zadie Smith, pero es también un poeta con premios en su haber. Su muy esperada primera novela acaba de publicarse. Pero, ¿Quién es Nick Laird en realidad? Tanya Gold intenta descubrir a este hombre reticente a dejarse definir.

¿Quién es Nick Laird? Mientras camino hacia un bar al norte de Londres donde me reuniré con él, voy pensando en todo lo que sé sobre este hombre.
He visto esa carita de chico mono ídolo de adolescentes observando desde la cubierta de su primera novela, Utterly Monkey.
He leído su poesía cáustica: -"Vete a casa no he dormido solo / desde hace mucho y necesito extender / la mano a través de las sábanas y no encontrar calor, sino vacío.". Sé que está casado con Zadie Smith. Y he oído que odia a los periodistas.
Está sentado en un sofá bajo al lado de la ventana mientras le hacen las fotos. Sobre la mesa, un vaso de limonada y un paquete de tabaco de liar. Levanta la vista y dice: -Te conozco. Le miro desconcertada. -Trabajaba en la barra del Studio Six, y tu fuiste camarera allí. Sólo duraste un día. Creo que le gritaste a un cliente.
Siento como si le conociera bien. Y no porque le recuerde –siempre olvido una cara bonita – sino porque acabo de terminar su novela. El personaje principal es un chico de pueblo de Irlanda del norte que se marcha a Inglaterra a trabajar en un importante bufete de abogados y se enamora de una chica negra, guapa y autosuficiente. Laird es un chico de pueblo de Irlanda del norte que se marcha a Inglaterra a trabajar en un importante bufete de abogados y se enamora de una chica negra, guapa y autosuficiente. Entonces, -¿Utterly Monkey es una novela autobiográfica?
Inclina la cabeza hacia atrás y frunce el ceño. -No, no, no, dice sin sonreír. -La novela es una novela. Es una creación. Una obra ficticia. Y la chica no es Zadie. La gente lo cree porque es negra. ¿Te imaginas a Zadie en una oficina? Ni en broma.
Me desinflo. No le creo y no hay manera diplomática de decírselo. Quizá se lo imagina. Añade: -Solo porque ambos crecimos en Irlanda del norte y seamos abogados. Y porque El Gran Gatsby sea vuestra novela favorita. Y a los dos os encanten las tortillas de pollo.
El personaje principal de Utterly Monkey – el que no se parece en nada a Laird – es un abogado sombrío y reticente con una vena sensible y un exceso de rabia que ni siquiera reconoce. Lo mejor del libro viene cuando describe a este "medio-hombre medio-escritorio" furioso bregando con su trabajo. Fantasea con poner papel higiénico en la trituradora de papel y destrozar los juguetitos ejecutivos de su jefe en el bufete. El personaje mejor esbozado es un hipocondríaco que se pasa el tiempo con el inspector de riesgos laborales del bufete y le pide nuevos artilugios terapéuticos para protegerse de peligros inexistentes. ¿Quién es Albert?, le pregunto. -Es un personaje del libro-, contesta.
Le explico que disfruté la novela; me gustó su rabia. -Me alegro mucho de que te haya gustado-, dice. -Tengo pánico a que el libro sea un desastre. Creo que me voy a estrellar. Me van a llover hostias. Observa mi bolso como si contuviera un martillo.
Su matrimonio con Zadie le ha descubierto la vida en la prensa amarilla y ésta le repugna. -Creo que la fama es algo enfermizo anclado en el núcleo de nuestra cultura. Antes la fama era algo bueno a lo que admirar, ahora la gente odia a los famosos-, dice. -La gente quiere verlos heridos y castigados, lo cual es también extraño y triste. Hay una cita de Updike que dice: -"La fama es la máscara que se traga el rostro." Una mañana, Laird se encontró un periodista del Daily Express gruñendo en su puerta, exigiendo saber si su hidromasaje era lo que había vuelto loco a un vecino hipersensible. -No iba a hablarles sobre un hidromasaje que no tengo-, dice confuso.
Se conocieron en la Universidad de Cambridge. Él era el coordinador de una antología de poesía y prosa y fue su primer editor. -Hablamos por e-mail y vino a la inauguración del libro. Nos volvimos inseparables. Fuimos grandes amigos durante mucho tiempo, luego resulta que ambos estábamos sin pareja, así que empezamos a salir-. Pasado el tiempo, él le escribió un poema: La que se convertiría en la Sra. Laird / La esposa se cruzó en mi vida / Una noche en que ya llevaba siete pintas / Y era ella o buscarme un lío / Además era justo mi tipo / Pecho desaforado, caderas estrechas / Y una cara nubia cerrada al público / cintura a la medida de mis manos juntas / segura y fílmica, bebía lo mismo / impensable y muy / muy posible no soy un buen hombre / en mi tumba en mi tumba en mi tumba ella yacía. Menciono el poema. -Ese no habla de Zadie-, dice. -La poesía también es ficción. Es como un psicodrama – un paseo a través de un desconocido. Si te sentiste así ese día en ese momento quizá había algo de verdad en ello, pero eso es todo lo que es, nada más.
Seamus Heaney inspiró este viaje al psicodrama. -Muerte de un naturalista de Heaney me hizo cambiar por completo, dice Laird. -Construye música interna; las palabras encajan como un puzzle de sonidos vocálicos y consonánticos. Te inspira a la hora de escribir y valida tu propio tema de escritura. Te hace ver que tu vida es un tema relevante sobre el que escribir, lo cual es difícil de hacer porque estás convencido de que no tienes nada que merezca la pena contar.
Le miro con ojos como platos. Acabo de decidir que necesito un solo doble y un máster en poesía post parto para sobrevivir a Nick Laird. Trato de alejarle del tema literario. -¿Cuáles son tus galletas preferidas, Nick?- Me la devuelve inmediatamente, -Hobnobs de chocolate, ¿Y las tuyas?- Confieso mi amor por las Pimms de mermelada. Se ilumina y, licenciado inglés hasta la médula, me ofrece una rápida deconstrucción. -Creo que las Pimms de mermelada son el equivalente en galleta de una ciruela – facilísimas de comer. Mientras que con una manzana – creo que Nabokob lo dice estupendamente, algo sobre apuntalar la fortaleza de una manzana – con las manzanas es difícil empezar, pero una ciruela es como una galleta Pimms. No te cuesta nada comértela. Las Hobnobs de chocolate requieren algo más de esfuerzo.
Escucho las bellas frases, pero no dejo de pensar - ¿Cuándo me va a hablar de sí mismo?- Me recuerda a una flor, que se abre y se cierra con la luz. Comienza a hablar sobre Irlanda y lo que fue crecer en Cookstown en la época de revueltas posterior a 1969. -No te imaginas lo extraña que es tu vida hasta que te vas-, dice, -es entonces cuando te das cuenta de que no es del todo normal que soldados armados te paren cada día y te registren la cartera. Que no es del todo normal no poder ir al colegio porque unos enmascarados han cortados las carreteras y destrozado las ventanas de la oficina de tu padre. Laird cuenta todo esto con un sentido de extrañeza. -De niño me aterrorizaban los ruidos. Un día en Londres oí unas pequeñas explosiones causadas por un motor de un coche desde mi piso. Me asusté muchísimo. Fue entonces cuando me di cuenta de que había algo en eso de crecer en Irlanda del norte que aún no había superado.
Laird dice que la experiencia le dio un sentido de "preocupación por la muerte", una racha depresiva. -Tengo miedo a morir-, dice tras una larga pausa. -Tengo un gran problema con el hecho de la muerte. Me pone nervioso, incluso solo de pensarlo-. Suelta una risa floja. -No me gusta. Creo que por eso Zadie y yo conectamos. A ella no le preocupa la muerte.
Sospecho que ha intentado espantar sus fantasmas a través de la lectura – a la que se confiesa adicto. De hecho, solo parece relajarse de verdad cuando habla del oficio de escritor. Se anima de repente, inclina la cabeza, despliega las manos y habla muy deprisa. Su discurso se llena de cientos de enfáticos "muy".
-La lista de libros por leer se alarga según pasan los días-, observa melancólico. Pero cuando le pregunto de nuevo sobre sí mismo se revuelve incómodo, mira por la ventana y luego me observa con cautela.
Le pido que se describa para mí, como si se describiera en una novela. -La periodista eres tú, no yo-, dice. Hay un silencio y manipula incómodo su tabaco de liar. -Joder, creo que te he decepcionado. Pero entonces me recita su primer poema, que escribió con cuatro años. "Bota bota en una red / siempre felices / yo y Ted." Punto para el oro. -Es bueno-, le digo. -Un pareado-, se encoge de hombros.
Le acompaño de vuelta a su piso. -No les digas a los papparazi donde vivimos-, dice, y se despide con un beso húmedo. Adiós Nick Laird – No creo haberte conocido para nada.
Utterly Monkey está publicado en Fourth Estate.

Copyright de la versión inglesa: Tanya Gold
Copyright de la traducción al español: Victoria P Caballero
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